Vigo siguió siendo una villa pesquera amurallada relativamente pequeña hasta el siglo XIX. Desde finales del siglo XVIII, empresarios catalanes desarrollaron negocios de salazón de sardina y, más tarde, de conservas. Contribuyeron así al crecimiento del puerto pesquero, los astilleros y la ciudad industrial moderna.

Durante la Guerra de la Independencia, un levantamiento local expulsó de Vigo a la guarnición francesa que ocupaba la villa el 28 de marzo de 1809. El acontecimiento, conocido como la Reconquista, contribuyó a que Vigo recibiera el título de ciudad al año siguiente y se recrea cada mes de marzo en el Casco Vello.

Al entrar y salir de Vigo, quizá observes que no hay señalización oficial. En su lugar, busca las flechas del Camino colocadas en los escaparates de los comercios.

Qué ver en Vigo

Concatedral-Basílica de Santa María de Vigo

La actual Concatedral fue proyectada por Melchor de Prado en 1811, tras años de deterioro de la iglesia anterior y los daños adicionales sufridos durante la Guerra de la Independencia. La primera piedra se colocó en 1816 y la iglesia fue consagrada en 1836, aunque algunas partes del edificio seguían sin terminar. En el interior se encuentra el Cristo da Vitoria, una imagen más antigua que la devoción popular vincula con la expulsión de las tropas francesas de Vigo en 1809.

En el atrio de la antigua iglesia hubo un gran olivo que se convirtió en símbolo de Vigo, ciudad aún conocida como la cidade olívica [ciudad olívica]. En 2016 se plantó junto a la Concatedral un olivo bicentenario para recuperar ese vínculo histórico.

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